Fístula sacra o quiste pilonidal

Las fístulas sacras o quistes pilonidales se originan al final de la espalda, a la altura del hueso sacro, y su formación se debe a que los pelos de esa zona en un momento determinado no encuentran salida al exterior y crean un trayecto que con frecuencia produce un absceso de pus.
En fase de absceso el tratamiento debe ser darle salida al pus (drenar el absceso) y con posterioridad cuando haya bajado la inflamación localizar todo el trayecto fistuloso y realizar una puesta a plano (“convertir un túnel en un barranco”). La cicatrización se produce poco a poco.

Cuando el paciente llega a la consulta con un absceso, el tratamiento comienza con el drenaje del mismo, una pequeña intervención que se realiza con anestesia local y el dolor desaparece prácticamente en su totalidad al reducirse la presión causada por el pus. Si la fístula no ha provocado absceso, o una vez haya bajado la inflamación del mismo (unos días después del drenaje), el tratamiento consiste en una pequeña intervención quirúrgica ambulatoria, también con anestesia local y sin ingreso, prácticamente indolora.

En el caso de fístulas anales complejas puede ser necesaria más de una intervención, ya que inicialmente se pasaría un setón (sedal) y posteriormente se pondría a plano en una o varias actuaciones quirúrgicas. Suele ser habitual un mínimo de tres controles o curas que si bien pueden ser molestas suelen ser indoloras.

Estas intervenciones se realizan con anestesia local, sin ingreso en clínica. Como norma general, los pacientes no deben trabajar el día de la intervención pero pueden incorporarse al trabajo al día siguiente. En algunos casos pueden precisar baja laboral unos días.
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