Tratamiento de las fístulas

El tratamiento de las fístulas anales, perianales y sacras va a depender principalmente de la fase en la que se encuentren. En ocasiones, cuando existen infecciones producidas por las fístulas, es decir, abscesos, se indican antibióticos para tratar la infección de pus previo a un tratamiento más definitivo.

Los abscesos son la fase más aguda de la patología de las fístulas ya que son una colección de pus en la zona perianal que puede aparecer dentro del canal o bien en el margen anal y la zona sacra. Al tratarse de una cavidad de contenido purulento y, a veces, seropurulento (con sangre) suele cursar con bastante dolor e inflamación. Por esta razón, en la mayoría de los casos se administran antibióticos pero éstos ofrecen resultados muy lentos mientras que la cirugía produce un alivio inmediato.

La cirugía para tratar los abscesos se realiza de forma inmediata en la consulta del proctólogo. Se trata de una intervención muy sencilla que consiste en aplicar anestesia local y drenar la zona purulenta. Sin embargo, es importante conocer el origen de base de dicho absceso ya que si existe una fístula y no se trata el absceso podrá volver a aparecer.

En el caso de las fístulas pequeñas se drena el absceso y se realiza la puesta a plano del trayecto fistuloso que soluciona el problema de forma definitiva. Esta técnica quirúrgica consiste en abrir completamente el trayecto de la fístula para que cicatrice de dentro hacia fuera.

En cambio, en los casos de fístulas más grandes con el drenaje del absceso se alivia de forma inmediata el dolor pero será necesario un tratamiento quirúrgico en fases para solucionar de forma definitiva la fístula.

En el caso de las fístulas anales o perianales en ocasiones es necesario colocar un setón o vaseloop, una especie de hilo elástico, a través de la fístula para mantenerla abierta y, tras un periodo de tiempo determinado, se procede a retirar el hilo y realizar la cirugía del trayecto fistuloso.

En la mayoría de los centros suelen tratar las fístulas de forma quirúrgica mediante cirugías complejas y agresivas con postoperatorios dolorosos y largos. En el Instituto Proctológico Dr. Padrón se realiza el tratamiento de las fístulas mediante cirugías ambulatorias bajo anestesia local que no son invasivas y no requieren ingreso hospitalario. Esto proporciona a los pacientes un postoperatorio indoloro con una baja médica mínima, de uno o dos días.

La clave del tratamiento de las fístulas es el seguimiento de la intervención ya que de ello depende que la fístula cicatrice de forma adecuada o no. Por ello, en los centros del Instituto Proctológico Dr. Padrón realizamos controles o revisiones que monitorizan la cicatrización de la herida para evitar el cierre en falso de la fístula y proporcionar al paciente una solución definitiva.

Las fístulas son una conexión anómala entre el interior del canal anal y el margen anal. Normalmente esta patología es resultado de una infección producida en las glándulas anales que se encuentran entre el ano y el recto.  Estas fístulas pueden ser de tres tipos según la zona donde aparecen: fístula anal, perianal y fístula sacra.

En muchas ocasiones las fístulas anales pueden terminar produciendo infecciones de pus conocidas como abscesos. Los abscesos son cavidades infectadas llenas de pus que se producen en la zona cercana al ano o al recto normalmente como resultado de una fístula aunque no todas las fístulas terminan produciendo abscesos.

La principal diferencia entre las fístulas anales y perianales y las sacras es su origen. Las fístulas anales y perianales son producidas por una infección de las glándulas anales que provoca un túnel desde el interior del canal anal hacia la piel. Por su parte, las fístulas sacras normalmente son producidas por crecimiento del pelo hacia dentro o por obstrucción de los folículos pilosos. Se trata de quistes pilonidales subcutáneos con vello en su interior que normalmente producen inflamaciones e infecciones que en un momento determinado drenan produciendo abscesos.

Fístula anal

Lo primordial ante los síntomas de una fístula o un absceso es acudir al proctólogo para determinar si se trata de esta u otra patología y, sobre todo, determinar la gravedad del problema.

En la primera consulta con el proctólogo se lleva  a cabo una entrevista y una exploración física para determinar de forma concreta qué tipo de patología es. En esa consulta el especialista podrá, además, determinar si se trata de una fístula leve o más compleja para decidir cuál es el tratamiento quirúrgico más adecuado.

Sin embargo, en muchas ocasiones además del tratamiento quirúrgico es necesario conocer el origen de esa fístula ya que en ocasiones se trata de una enfermedad de base la que la produce. En estos casos normalmente se trata de colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn ya que afectan a la inflamación de los órganos digestivos y del canal anal.

La causa que origina la aparición de fístulas anales, perianales o sacras no está confirmada. Sin embargo, la mayoría de los especialistas en proctología consideran que su origen se debe a las glándulas que están dentro de la mucosa del canal anal. Estas glándulas son secretoras de moco y, en ocasiones, se pueden inflamar y en vez de drenar hacia el canal anal drenan al revés, hacia el espacio submucoso, es decir, bajo la piel y por ahí produce una infección y a través de ahí vuelve a canalizarse hacia la piel.

Esto se da con frecuencia en pacientes con enfermedades digestivas crónicas como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa. En cambio, también existen casos minoritarios en los que la aparición de fístulas está relacionada con una patología traumática. Ejemplos de esto serían comer algo de pescado y que algunos trozos de material duro como espinas o pedazos de lapas se claven al bajar dentro del bolo alimenticio en el canal anal produciendo heridas y erosiones dentro del trayecto de la fístula.

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