La fístula sacra también se conoce como sinus o quiste pilonidal. Se trata de una infección crónica en la zona sacrocoxígea, es decir al final de la espalda por encima del surco interglúteo.
Es una patología frecuente especialmente en personas jóvenes (entre los 15 y 30 años) que si bien no es grave, suele ser muy molesta y que habitualmente si no se trata con una sencilla intervención quirúrgica puede aumentar en complejidad.

Cuando la fístula sacra está en fase aguda (de absceso) suele ser muy dolorosa y el drenaje del pus alivia automáticamente el dolor ya que disminuye la presión en la zona causada por la inflamación. El absceso se puede drenar con una sencilla intervención realizada con anestesia local, asimismo, en ocasiones puede drenar de manera espontánea observándose salida de pus y sangre. El tratamiento de estos abscesos con antibióticos no suele ser efectivo ya que, generalmente no soluciona ni el absceso ni la fístula de base.

Una vez drenado el absceso queda el sinus (la fístula sacra) en forma latente que puede ir supurando pus y sangre o no presentar sintomatología pero esto no significa que la fístula esté curada. Al cabo de un tiempo suele volver a inflamarse.

¿En qué consiste el tratamiento de la fístula sacra?

El tratamiento de la fístula consiste en una sencilla intervención quirúrgica para la puesta a plano del trayecto fistuloso que puede, en la gran mayoría de los casos, realizarse con anestesia local y de manera ambulatoria, y que por lo tanto no requiere ingreso hospitalario. La gran ventaja de la anestesia local y de esta técnica quirúrgica es que permite llevar vida normal en muy poco tiempo (máximo unos días de reposo). Las intervenciones con anestesia epidural o general suelen ir asociadas a intervenciones quirúrgicas en bloque que dejan una mayor herida con un postoperatorio mucho más complicado.

Otra ventaja de la anestesia local es que no requiere preoperatorio y apenas existen efectos secundarios.
La clave para que esta técnica quirúrgica realizada con anestesia local sea exitosa consiste en un buen seguimiento para evitar el cierre en falso. En nuestra experiencia las fístulas tratadas quirúrgicamente utilizando anestesia local dan muy buen resultado y el postoperatorio no es especialmente doloroso ya que no es necesario dejar mecha (gasas en el interior de la herida).

Las fístulas más complejas pueden requerir alguna intervención adicional para asegurar que el trayecto fistuloso quede completamente a plano y que la fístula no recidive (aparición reiterada de la misma fístula). En nuestra experiencia, salvo casos excepcionales, las fístulas sacras pueden operarse con anestesia local. Lo recomendable es que la intervención sea realizada por manos expertas, es decir, profesionales que están especializados en proctología y que tienen mucha experiencia operando fístulas.
La técnica de puesta a plano de la fístula sacra realizada con anestesia local da muy buenos resultados y es, en nuestra opinión, la mejor opción para tratar las fístulas sacras ya que es sencilla, efectiva y no requiere ingreso hospitalario ni preoperatorio.