Si sientes dolor en el sacro o en la zona perianal y lo notas inflamado es probable que tengas un absceso. Normalmente la inflamación y el dolor aparecen juntos y en el transcurso de pocos días. Es posible que tras varios días de dolor empiece a supurar, tras lo cual suele aliviarse parcialmente el dolor.

En el caso de los abscesos perianales, los síntomas a veces pueden confundirse con los de una trombosis hemorroidal, la cual también es dolorosa, pero aparece de forma súbita y suele palparse un bulto más definido y duro junto al ano. Sin embargo, lo que más comúnmente piensan los pacientes  ante cualquier síntoma en la zona anal es que tienen hemorroides.

Un absceso es acumulación de pus compartimentada, que puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, sobre todo en la piel

La obstrucción y sobreinfección de las glándulas anales, situadas a pocos centímetros del margen anal parecen ser la causa de los abscesos anales. Cuando esta infección crea un pequeño túnel hacia la piel, comunicando el canal anal con el exterior, se denominan fístulas, siendo ambas diferentes fases de la misma enfermedad. Los abscesos producen dolor, inflamación y en ocasiones fiebre. Las fístulas suelen ser indoloras y producen supuración casi constante.

Por su parte, la obstrucción folicular o el crecimiento de pelo hacia dentro en la zona sacra producen fístulas sacras (o pilonidales) y una cavidad con pelo en su interior llamada sinus pilonidal. Al igual que en la región perianal, en ocasiones pueden infectarse y producir abscesos.

El tratamiento depende si se está en fase de absceso o fístula.

Cuando el paciente acude a consulta con un absceso el tratamiento es el drenaje del mismo, es decir, la evacuación de la pus bajo anestesia local y sin ingreso hospitalario, siendo éste habitualmente el único tratamiento necesario. En palabras del Dr. Padrón: “absceso drenado, absceso curado”.  Habitualmente, una vez drenado el absceso no se precisa tratamiento antibiótico, salvo en casos especiales (diabéticos, pacientes con alteraciones del sistema inmune, embarazadas, personas mayores o con muchas enfermedades…).

Ahora bien, pasada la inflamación del proceso agudo (absceso) será necesario tratar la fístula, el origen del absceso (en caso contrario puede volver a infectarse y aparecer otro absceso). Para esto se buscará  el trayecto fistuloso.

Si la fístula es simple se realiza una puesta a plano, es decir, abrir completamente el trayecto de la fístula para que cicatrice de dentro a afuera (lo que médicamente conocemos como “cicatrización por segunda intención”).

Si es compleja se colocará una especie de hilo elástico (setón o vessel-loop) a través de la misma para mantenerla abierta. En este caso requerirá más de una intervención, ya que el objetivo final, siempre que sea posible, es la retirada del hilo y puesta a plano.

Con las técnicas que utilizamos, el postoperatorio no suele ser doloroso y habitualmente no precisa de baja laboral. Las curas pueden realizarse fácilmente en casa con unas instrucciones sencillas que le daremos tras la intervención, en ningún caso se dejan gasas en el interior de la herida.

No obstante, le pediremos que acuda regularmente a consulta para las revisiones.